Cuando la comida, el peso o el espejo ocupan más espacio del que deberían. Psicólogas y psicólogos en Atocha, Delicias y online, con cuidado y sin juicio.
Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online
Pensar en comida más de lo que querrías. Mirarte en cada escaparate. Saber lo que has comido hoy con una precisión que a nadie más le importa. Puede que lo lleves tan dentro que ni siquiera te parezca un problema: es tu manera de estar en el mundo. Lo que une a estos motivos es que el cuerpo se ha convertido en el sitio donde se libra una batalla que en realidad va de otra cosa: de valer, de controlar algo, de calmar lo que duele.
Muchas personas que consultan por esto llevan años sin contárselo a nadie, o lo han contado y les han dicho que coman más, o menos, y ya.
En Creciendo no venimos a hablar solo de comida. Trabajamos en entender qué está haciendo ese síntoma por ti, qué historia tiene y qué relaciones lo sostienen. Si hay riesgo inmediato para ti o para otra persona, llama al 024 (atención a la conducta suicida, 24 horas) o al 112. Estamos en Atocha y en Delicias, y también trabajamos online.
Restringir, vomitar, comer sin poder parar. Reglas que gobiernan el día y una voz que nunca está conforme. Cuando el cuerpo está en riesgo, la psicoterapia trabaja junto al seguimiento médico, y si no somos el recurso adecuado te ayudamos a encontrarlo. Tenemos una página dedicada: Trastornos de alimentación (anorexia, bulimia, atracones).
Hay una parte de tu cuerpo que no puedes dejar de mirar: la nariz, la piel, el pelo, la forma de las piernas. Los demás dicen que no ven nada, o que es una tontería, y eso no te alivia, te hace sentir más solo. Pasas mucho tiempo delante del espejo, o lo evitas por completo. Has pensado en operarte, o ya lo has hecho y el problema se movió a otro sitio.
Tiene sentido consultar cuando ese defecto, real o no para otros, decide si sales de casa, si quedas con alguien, si te dejas mirar.
No vamos a discutir contigo sobre si el defecto existe. Trabajamos en lo que esa parte del cuerpo ha llegado a cargar: la vergüenza, el miedo a no ser suficiente, algo que se dijo o se miró en un momento en que dolió. Cuando eso se puede hablar, la parte del cuerpo suele volver a ser solo una parte del cuerpo.
Ven aunque te dé vergüenza decirlo. Sabemos que la da.
Empezó como comer sano. Ahora hay listas de lo que no puedes tocar, etiquetas que lees tres veces, cenas con amigos a las que ya no vas porque no controlas lo que cocinan. Si un día te saltas la norma, la culpa dura hasta el siguiente. Y todo el mundo te felicita por lo bien que te cuidas.
Puede ser difícil verlo como un problema, porque parece lo contrario. Merece la pena consultar cuando la pureza de lo que comes ocupa más espacio que la gente, cuando ha cambiado tu peso sin que lo buscaras, o cuando la idea de "contaminarte" te produce una angustia que no encaja con la comida.
Trabajamos sin quitarte el interés por cuidarte: eso es tuyo. Miramos qué está protegiendo ese control tan estricto, qué miedo baja cuando todo está bajo norma y por qué la flexibilidad se vive como peligro. Lo que en psicología se llama ortorexia suele hablar de otra cosa: de una angustia que encontró en la comida un sitio donde ordenarse.
Cuéntanos tus reglas. No las vamos a juzgar.
Comes cuando estás triste, aburrida, enfadada, sola. No por hambre: por calmar algo. Después llega la culpa, y a veces la promesa de que mañana empiezas, y el ciclo vuelve. Puede que de pequeño la comida fuera el único consuelo disponible, o el premio, o lo que había en casa cuando faltaba todo lo demás.
Muchas personas que consultan por esto han hecho ya todas las dietas. El problema no es que no sepas comer: es que la comida está haciendo un trabajo emocional que no le corresponde. Consulta cuando te des cuenta de que comes para no sentir, o cuando el peso de la culpa sea mayor que el de la comida.
Trabajamos en poner nombre a lo que la comida está tapando. Si cada vez que comes por ansiedad podemos parar y preguntar qué había justo antes, empezamos a encontrar lo que de verdad necesita atención. Y eso, a diferencia de una dieta, no se agota.
Dinos qué te pasa antes de abrir la nevera. Por ahí se entra.
Te pesas cada mañana y ese número decide cómo va a ser el día. Sabes lo que pesabas en cada momento importante de tu vida. Un kilo arriba y cancelas planes; un kilo abajo y te sientes con derecho a existir. Comer con otros se ha vuelto un examen y la ropa, un enemigo.
No hace falta tener un diagnóstico para que esto te esté quitando la vida. Tiene sentido pedir ayuda cuando el peso se ha convertido en la medida de tu valor, cuando el control sobre él es lo único que te calma, o cuando notas que estás educando a tus hijos en la misma vigilancia.
Trabajamos en separar el peso de lo que has puesto encima: la aceptación, el control, el miedo a que te dejen de querer. Miramos de dónde viene esa ecuación, quién te la enseñó y qué pasaría, según tú, si la abandonaras. Es un trabajo de fondo, no un plan de comidas.
Si el número te manda, ven a hablar de quién le dio el mando.
No te dejas ver. En la playa, en el gimnasio, en la cama con la luz encendida. Eliges la ropa para tapar, no para gustarte. Evitas las fotos. Puede que alguien, en algún momento, dijera algo de tu cuerpo que sigue sonando dentro, o que crecieras en una casa donde el aspecto se comentaba todo el rato.
La vergüenza corporal no siempre va con un problema de alimentación. A veces va sola, y condiciona la sexualidad, la pareja, el deporte, hasta ir al médico. Consulta cuando el pudor te esté apartando de cosas que quieres vivir.
Trabajamos en entender de quién es la mirada que sientes encima. Casi nunca es la tuya: es una que se instaló en algún momento y que sigues aplicándote. Cambiarla no pasa por convencerte de que tu cuerpo está bien, sino por hablar de lo que aprendiste a esperar de los demás cuando te miran. Muchas veces la baja autoestima tiene aquí una de sus raíces.
Puedes empezar contándonos qué evitas. Con eso ya sabemos por dónde ir.
Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.
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