Lo que pasó sigue pesando: en el cuerpo, en el sueño, en cómo te fías de la gente. Psicólogas y psicólogos en Atocha, Delicias y online, a tu ritmo.
Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online
Hay cosas que pasaron hace años y siguen aquí. A veces con nombre: un accidente, una agresión, una infancia en la que nadie miraba. A veces sin él: solo la sensación de estar siempre en guardia, de dormir mal, de que algo en ti se apaga cuando alguien se acerca demasiado. Muchas personas que consultan por esto llevan tiempo pensando que ya deberían haberlo superado.
Lo que une a estos motivos es que el cuerpo y la mente siguen reaccionando a un peligro que ya no está. Y que suele haber vergüenza, o culpa, por no poder dejarlo atrás.
En Creciendo trabajamos a tu ritmo. No vas a tener que contar nada que no quieras contar, ni cuando no quieras contarlo: primero construimos un lugar seguro, después vamos a lo que pesa. Si hay riesgo inmediato para ti o para otra persona, llama al 024 (atención a la conducta suicida, 24 horas) o al 112. Puedes venir a Atocha o a Delicias, o hacer el proceso online.
Puede que de niño pasaran cosas que entonces no tenían nombre: gritos que no terminaban, un padre que desaparecía, una casa donde había que estar callado para no molestar. De adulto se nota de formas que no parecen conectadas: relaciones en las que te haces pequeño, un miedo desproporcionado a decepcionar, una tristeza de fondo que no explicas.
Merece la pena consultar cuando esas reacciones se repiten y no entiendes de dónde vienen, o cuando al tener hijos propios algo se remueve.
Trabajamos entendiendo cómo aprendiste a protegerte de niño y qué hace hoy esa misma protección en tu vida adulta. Lo que entonces te salvó, ahora quizá te encierra. La relación con tu terapeuta es parte del trabajo: una relación distinta a las que conociste, donde se puede decir lo que hay sin que pase nada malo.
No hace falta tenerlo claro para empezar. Con una sensación basta.
El abuso no siempre deja marcas visibles. A veces fueron golpes; a veces, años de desprecio, de control, de que te hicieran dudar de tu propia memoria. Y a veces alguien tocó lo que no debía tocar, y tú aprendiste a no hablar de ello. Hoy puede aparecer como desconfianza, como rechazo hacia tu cuerpo, como una alarma que salta con ciertas voces o ciertos gestos.
Vale la pena consultar cuando esto condiciona tu pareja, tu sexualidad o tu manera de estar con la gente, o cuando has empezado a recordar algo que tenías guardado.
Con el abuso, el orden lo marcas tú. Hay personas que necesitan contar; otras necesitan primero saber que pueden no hacerlo. Tu terapeuta va a acompañarte en las dos cosas. Trabajamos con lo que te pasó y con lo que hiciste para sobrevivir a ello, sin juzgar ninguna de las dos.
Cuando quieras, aquí hay un sitio para empezar a decirlo.
No te pegaron ni te gritaron. Tenías comida, ropa, colegio. Pero nadie te preguntaba cómo estabas, y aprendiste a no preguntártelo tú. La negligencia emocional es difícil de ver porque es una ausencia: lo que no hubo. Mucha gente que consulta por esto se siente culpable de quejarse de una infancia "normal".
De adulto puede parecer que no sabes qué sientes, que las emociones de los demás te desbordan o te dejan frío, que en las relaciones siempre eres quien cuida. Consultar tiene sentido cuando notas ese vacío y no encuentras de qué hablar, o cuando tu pareja te dice que no llegas.
Trabajamos poniendo palabras a lo que nunca las tuvo. Tu terapeuta presta atención a lo que sientes en sesión, incluso cuando dices que nada, y con eso vais construyendo un vocabulario que faltaba. Es un trabajo lento y muy real.
Si te reconoces en esto, eso ya es un principio.
Vuelve lo que pasó: en sueños, en imágenes que se cuelan de golpe, en el sobresalto ante un ruido. Evitas lugares, personas, conversaciones. El cuerpo vive como si aquello siguiera ocurriendo. Cuando esto se prolonga más allá de las primeras semanas y te quita vida, es lo que en psicología se llama estrés postraumático. Tenemos una página dedicada: Estrés postraumático (TEPT).
No fue un hecho, fue un clima. Años de miedo, de humillación o de abandono, casi siempre en la infancia y a manos de quien tenía que cuidarte. Lo que queda es más difuso que un recuerdo: cambios de ánimo que no controlas, una imagen de ti muy dañada, relaciones que empiezan intensas y acaban en desastre, la sensación de mirarte desde fuera.
Muchas personas llegan después de varios diagnósticos que no encajaban del todo. Tiene sentido consultar cuando sientes que tu vida va a golpes y no entiendes por qué te pasa a ti.
Aquí no vamos primero a los recuerdos. Vamos primero a que puedas estar en tu cuerpo y en la sesión sin desbordarte, a que la relación con tu terapeuta sea fiable y predecible. Desde ahí, poco a poco, se puede ir mirando lo que pasó. El proceso es largo y tiene sentido que lo sea.
Hablemos primero de cómo estás hoy. Lo demás llegará.
Lo del instituto debería haber quedado atrás, pero no. Un grupo de gente riéndose y el estómago se te encoge. Alguien alza la voz y vuelves a tener trece años. Evitas hablar en reuniones, das por hecho que caes mal, revisas cada mensaje antes de enviarlo. El acoso enseña que el mundo es un sitio donde te pueden hacer daño sin motivo, y esa lección no se borra con la edad.
Consulta cuando notes que aquello sigue decidiendo por ti: a quién te acercas, qué callas, cuánto te crees lo que dicen de ti.
Trabajamos separando lo que te hicieron de lo que crees que eres. Miramos qué te contaste entonces para aguantar y qué de eso sigue funcionando en automático. La sesión es un lugar donde se puede ser torpe, raro o distinto sin que eso tenga consecuencias, y eso solo ya cambia cosas.
Si te lo estás pensando, ese pensamiento ya es un motivo válido.
Puede que estés dentro todavía, o que hayas salido hace meses y no entiendas por qué sigues mal. Miedo a su reacción por cualquier cosa. Contar los minutos hasta que llega a casa. Haber dejado de ver a tus amigas sin recordar en qué momento. O, ya fuera, una culpa que no cuadra, la duda de si exageraste, la sensación de no fiarte de tu propio criterio.
El 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura. Si hay peligro ahora mismo, llama al 112.
Consultar tiene sentido en cualquier punto: para pensar en lo que está pasando, para preparar una salida o para reconstruirte después. Trabajamos sin prisa y sin decirte lo que tienes que hacer: la decisión es tuya y nuestro trabajo es que puedas tomarla desde un lugar más firme. Volver a confiar en lo que percibes es gran parte del proceso.
Puedes escribirnos aunque todavía no sepas qué quieres.
Un accidente de coche, una caída, un incendio, una operación que se complicó. Salió bien, o eso dice todo el mundo, y sin embargo no puedes volver a conducir, te despiertas con el corazón disparado o rehúyes el sitio donde ocurrió. Puede que te irrite que te digan que tuviste suerte.
Es normal estar alterado las primeras semanas. Vale la pena consultar si pasado ese tiempo el miedo sigue igual o va a más, si evitas cosas que antes hacías sin pensar, o si el accidente se ha llevado por delante el sueño o el humor.
Trabajamos para que el cuerpo entienda que aquello terminó. No consiste en repetir la escena una y otra vez, sino en ir acercándose a ella con alguien al lado, al ritmo que puedas sostener. También miramos lo que el accidente ha removido: la fragilidad, la rabia, lo que dejó de darse por sentado.
Cuéntanos qué pasó y desde cuándo. Con eso empezamos.
Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.
No hace falta que sepas en qué apartado encajas ni que nos cuentes por escrito lo que pasó. Puedes reservar online en un minuto o escribirnos por WhatsApp y te contamos cómo empezar. Si prefieres una llamada previa para resolver dudas, dínoslo en el mensaje.
El primer paso suele ser el más difícil. Escríbenos por el medio que prefieras: te respondemos en horario de consulta o, como muy tarde, al día siguiente.