Rupturas, relaciones que se repiten, dependencia, celos, soledad. Cómo trabajamos lo que pasa entre tú y los demás, en individual o en pareja. Atocha, Delicias y online.
Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online
Casi todo lo que duele tiene que ver con alguien. Una relación que se termina, otra que se repite con distinta cara, una persona a la que no consigues dejar aunque sepas que deberías. O al revés: la dificultad para que alguien entre, el miedo a comprometerte, los fines de semana en los que no suena el teléfono.
La forma en que nos vinculamos no es casual. Se aprende pronto, en casa, y se repite después sin que nos demos cuenta: a quién elegimos, qué toleramos, cuándo nos vamos. En consulta miramos ese patrón contigo, sin juzgarlo, y miramos también cómo se cuela en la relación con tu terapeuta, porque ahí se puede ver de cerca y empezar a cambiar.
La mayoría de estos motivos se trabajan en terapia individual. Si el problema es de los dos y los dos queréis venir, podéis hacerlo juntos: terapia de pareja. Puedes venir a Atocha o a Delicias, o hacerlo online.
Vives rodeado de gente y no tienes a quién llamar un martes por la noche. O sí lo tienes, pero no llamas, porque hace tiempo que decir que no a los planes se volvió más fácil que ir. Los días se organizan alrededor del trabajo y de la pantalla, y cada vez cuesta más salir de ahí.
Merece la pena consultar cuando la soledad ya no es una etapa sino una forma de vivir, cuando notas que evitas a la gente porque te cuesta y no porque no te apetezca, o cuando la sensación de sobrar aparece incluso en compañía.
En terapia no empezamos por apuntarte a actividades. Empezamos por entender cómo has llegado hasta aquí: qué pasó con las personas que había, qué esperas de los demás y qué temes de ellos. La relación con tu terapeuta es, muchas veces, el primer vínculo en el que se puede practicar otra manera de estar.
Si no sabes por dónde empezar a contarlo, empieza por el martes por la noche.
Se acabó y no sabes cómo se sigue. Revisas el móvil, repasas conversaciones, alternas rabia con ganas de volver. Comer, dormir y trabajar se vuelven cuesta arriba, y los amigos ya no saben qué decirte. Una ruptura es un duelo, y como tal necesita tiempo y, a veces, ayuda. Tenemos una página dedicada: Rupturas de pareja.
Discutís por lo de siempre y acabáis en el mismo sitio, el tono sube antes de que sepáis por qué, o se instala un silencio para no discutir más. Cuando el problema es de los dos, la mejor forma de trabajarlo suele ser juntos. Lo explicamos en nuestra página de terapia de pareja. Si tu pareja no quiere venir, se puede empezar en individual.
Sabes que la relación no te hace bien y no puedes dejarla. O la has dejado, y a las dos semanas has vuelto. Tu día se ordena alrededor de la otra persona: si contesta, si está de buen humor, si hoy toca reproche o cariño. Has ido apartando amigos, planes, incluso opiniones, para que no haya conflicto.
Conviene consultar cuando notas que sin esa persona no sabes quién eres, cuando aguantas cosas que no aguantarías por una amiga, o cuando ya has pasado por esto con otras parejas y empieza a parecer un patrón.
No trabajamos la dependencia diciéndote que te quieras más o que le dejes. Trabajamos entendiendo de dónde viene esa necesidad de que alguien te sostenga, qué aprendiste sobre el cariño y a qué precio, y cómo construir un apoyo dentro de ti que no dependa de que el otro se quede. Con tu terapeuta vas a tener una relación en la que puedas disentir sin miedo a perderla.
Cuéntanos en la primera sesión en qué punto estás, aunque sea a medio camino.
Te gustaría tener pareja, o más amigos, y no sabes cómo se hace. Las conversaciones se quedan en la superficie, las citas no pasan de la segunda, y en los grupos siempre acabas un poco al margen. Con el tiempo aparece la idea de que hay algo en ti que los demás ven y que no encaja.
Vale la pena venir cuando llevas años en el mismo punto, cuando has probado aplicaciones, planes y consejos y nada cuaja, o cuando el esfuerzo por acercarte te deja tan agotado que prefieres no intentarlo.
En consulta miramos qué pasa en el momento en que alguien se acerca: qué piensas, qué haces, qué temes. Muchas veces hay una historia de vínculos que enseñó que mostrarse era peligroso o inútil. La relación con tu terapeuta sirve de terreno de prueba: un sitio donde ir mostrándote un poco más y ver qué pasa.
No hace falta llegar con la respuesta; con la pregunta es suficiente.
Otra vez lo mismo. Distinta persona, distinto nombre, la misma sensación de andar con pies de plomo, de no ser suficiente, de que todo empezó muy bien y no sabes en qué momento cambió. Tus amigos ya te lo dijeron con la anterior. Tú también lo viste venir y aun así te quedaste.
Merece la pena consultar cuando la tercera relación se parece demasiado a la primera, cuando sales de una y te metes en otra igual, o cuando empiezas a pensar que el problema eres tú y no sabes qué hacer con eso.
Lo que se repite no es mala suerte. Casi siempre es una forma de vincularse que se aprendió temprano y que resulta familiar aunque duela. En terapia la desmontamos despacio: qué te atrae, qué confundes con amor, qué señales pasas por alto. Y lo hacemos dentro de una relación, la terapéutica, donde ese patrón también puede aparecer y por fin verse.
Si en la relación hay miedo, control o violencia, el 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura.
Empieza por contarnos la última; las anteriores irán saliendo.
Todo va bien hasta que la otra persona quiere más: vivir juntos, conocer a la familia, hablar de futuro. Entonces empiezan las dudas, los defectos que antes no veías, la necesidad de aire. Rompes, te arrepientes, vuelves, y vuelve a pasar. O directamente eliges relaciones que no pueden ir a ningún sitio.
Conviene consultar cuando este esquema se ha repetido varias veces, cuando has perdido a alguien que de verdad querías por no poder quedarte, o cuando la idea de comprometerte te produce más angustia que ilusión.
En consulta no te vamos a empujar a comprometerte ni a convencerte de que no lo hagas. Nos interesa qué significa para ti quedarte: qué crees que pierdes, qué has visto en casa sobre las parejas que duran, qué te pasa cuando alguien depende de ti. Entenderlo suele abrir opciones que ahora no ves.
La primera sesión es un buen sitio para decir en voz alta lo que aún no le has dicho a nadie.
Lo has descubierto y no puedes dejar de pensar en ello: cuándo, cuántas veces, qué más no sabes. O eres tú quien lo hizo y no entiendes cómo, y ahora cargas con una culpa que no sabes dónde poner. En cualquiera de los dos lados, la vida diaria sigue mientras por dentro todo está en obras.
Tiene sentido pedir ayuda cuando la rabia o la culpa no bajan, cuando no consigues decidir si seguir o irte, o cuando quieres entender qué te llevó a hacerlo antes de que pase otra vez.
Se puede trabajar en individual, para ordenar lo que sientes y decidir con más claridad, o en pareja si los dos queréis intentar repararlo. En ambos casos miramos la infidelidad como algo que habla de la relación y de cada uno, sin repartir papeles de víctima y culpable. Eso no significa restarle importancia: significa entenderla.
Ven con lo que tengas, aunque solo sea confusión.
Hablas y no te entienden, o no te atreves a decir lo que piensas hasta que explotas. Con tu pareja las conversaciones acaban en reproche; con tu jefe te callas; con tu madre discutes por cosas que no son las importantes. Sabes lo que querías decir cuando ya es tarde.
Merece la pena consultar cuando esto te está costando relaciones, cuando los demás te describen como frío o como agresivo y tú no te reconoces, o cuando notas que evitas conversaciones necesarias por no saber cómo tenerlas.
No enseñamos fórmulas para hablar bien. Lo que se trabaja en terapia es qué pasa por dentro justo antes de hablar: qué temes que ocurra si dices lo que quieres, dónde aprendiste que era mejor callar o gritar. Con tu terapeuta vas a poder practicar decirlo de otra manera y comprobar que no pasa lo que temías.
Si te cuesta hasta escribir el primer mensaje, eso también nos sirve como punto de partida.
Revisas su móvil, o te aguantas las ganas de hacerlo y te lo imaginas igual. Cada compañero de trabajo es una amenaza, cada salida sin ti una prueba. Sabes que no hay motivos, o no está claro que los haya, y aun así la duda no se apaga. Las discusiones giran siempre sobre lo mismo y la relación se va desgastando.
Conviene pedir ayuda cuando los celos ocupan más espacio que el cariño, cuando tu pareja empieza a esconder cosas inocentes para evitar la bronca, o cuando has controlado, seguido o interrogado y te asusta en qué te estás convirtiendo.
En consulta no discutimos si tienes razón. Nos interesa el miedo que hay debajo: a no ser suficiente, a que te dejen, a repetir algo que ya viviste. Cuando ese miedo se entiende y se puede sostener de otra forma, el control suele dejar de hacer falta.
Cuéntanoslo antes de que la relación lo pague por completo.
Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.
Si queréis venir en pareja, indicadlo en el mensaje. Puedes reservar online en un minuto o escribirnos por WhatsApp y te contamos cómo empezar. Si prefieres una llamada previa para resolver dudas, dínoslo en el mensaje.
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