Identidad y autoestima

Cuando no sabes quién eres, no te crees lo que vales o te exiges lo imposible. Psicólogas y psicólogos en Atocha, Delicias y online para pensarlo contigo.

Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online

Hay un tipo de malestar que no tiene un día concreto. No es que haya pasado algo: es cómo te tratas por dentro. Una voz que te repasa cada conversación buscando el fallo. La sensación de no saber quién eres cuando nadie te está mirando. Decir que sí a todo y luego enfadarte contigo. O una pregunta sobre tu identidad, sobre a quién quieres o quién eres, que ya no puedes seguir aplazando.

Lo que une a estos motivos es la relación contigo mismo, y esa relación se aprendió en otras: en cómo te miraron, qué se esperaba de ti, qué se podía y qué no se podía ser en tu casa.

En Creciendo no tenemos una idea de en quién deberías convertirte. Trabajamos en que puedas pensarte con más libertad y menos castigo, y en que lo que descubras sea tuyo. Nos encontrarás en Atocha, en Delicias y online.

Baja autoestima

Das por hecho que los demás valen más. Te cuesta aceptar un elogio y aceptas una crítica al instante. Cuando algo sale bien es suerte; cuando sale mal es la prueba. Muchas personas llegan a consulta por otra cosa y descubren que esto estaba debajo. Tenemos una página dedicada: Baja autoestima.

Crisis de identidad

Te miras y no te reconoces. Puede llegar con una ruptura, con un cambio de trabajo, al cumplir una edad redonda, al terminar los estudios o cuando los hijos se van. Lo que hasta ahora te definía ya no sirve, y lo nuevo no ha llegado. Te preguntas qué quieres de verdad y descubres que no lo sabes; quizá nunca te lo preguntaste, porque siempre había un guion.

Tiene sentido consultar cuando la pregunta se vuelve angustia, cuando tomas decisiones bruscas para sentir algo o cuando llevas meses en pausa sin poder moverte.

Trabajamos sin prisa por resolverlo. Una crisis de identidad suele ser el momento en que un personaje que construiste para otros deja de encajar, y eso, aunque duela, es una oportunidad. Miramos de dónde salió ese personaje, qué pedía cada persona importante de tu vida y qué de ti quedó fuera del guion.

No hace falta saber quién eres para venir. Venir es parte de averiguarlo.

Inseguridad crónica

Preguntas tres veces si lo has hecho bien. Necesitas que te confirmen antes de decidir algo pequeño. En una conversación te vas pensando en lo que deberías haber dicho. Vives con la sensación de que los demás saben algo que tú no, de que a ti te falta el manual que todos parecen tener.

No es timidez ni falta de carácter. Suele venir de haber crecido sin que nadie te diera la seguridad de que estabas bien tal como eras, o con una mirada tan crítica encima que aprendiste a dudar antes de actuar. Consulta cuando la duda te esté costando decisiones, relaciones o el simple descanso de no vigilarte.

Trabajamos en construir por dentro lo que faltó fuera. La relación con tu terapeuta importa mucho aquí: una relación en la que no tienes que hacerlo bien para ser aceptado, y en la que poco a poco puedes fiarte de tu propio criterio. Si la inseguridad se dispara sobre todo con gente, quizá te reconozcas también en la fobia social.

Escríbenos sin pulir el mensaje. Así también vale.

Autocrítica excesiva

Hay alguien dentro que no descansa. Te llama inútil por un correo con una errata. Repasa por la noche lo que hiciste mal por la mañana. Y cuando las cosas van bien, avisa de que durarán poco. Tratas a los demás con una generosidad que a ti nunca te aplicas, y ni siquiera te parece injusto: te parece exacto.

Muchas personas que consultan por esto creen que esa dureza es lo que las hace funcionar. Merece la pena consultar cuando el precio empieza a notarse: agotamiento, tristeza, dificultad para disfrutar de nada o miedo a intentar cosas por no darle más munición al juez.

Trabajamos en conocer a esa voz: de quién es, cuándo llegó, de qué te protegía. Casi siempre fue una manera de adelantarte al castigo de otros. Entenderla no es callarla a la fuerza, sino ir dejando de necesitarla. Ese trabajo se hace en la relación, con alguien que no te juzga aunque tú te juzgues.

Si tu primera reacción es pensar que exageras, tráelo también.

Perfeccionismo patológico

Un trabajo no está terminado hasta que está perfecto, y nunca lo está. Entregas tarde o no entregas. Revisas, rehaces, pospones. Puedes pasar horas con un detalle que nadie va a notar. Y cuando por fin lo sueltas no hay alivio: hay la certeza de que podría haber sido mejor.

Parece virtud y de hecho te la han elogiado. Pero cuando el estándar es imposible, lo que queda es ansiedad, bloqueo y una sensación de fraude permanente. Tiene sentido consultar cuando el perfeccionismo te impide terminar cosas, disfrutar de lo hecho o tolerar el error, propio y ajeno.

Trabajamos en lo que se juega detrás de cada "todavía no": qué pasaría si fuera bueno sin más, quién te enseñó que solo lo impecable merecía cariño. No buscamos que te vuelvas descuidado. Buscamos que puedas elegir cuándo importa y cuándo no, en lugar de que lo decida el miedo. A menudo esto se solapa con la procrastinación crónica.

Empieza sin tenerlo bien planteado. Sería una buena primera práctica.

Problemas de asertividad

Dices que sí cuando quieres decir que no. Te tragas una queja en el restaurante, una injusticia en el trabajo, una falta de respeto en la pareja. Luego lo rumias durante días o explotas por algo que no tiene nada que ver. Puede que te hayan dicho que eres demasiado bueno, y que en el fondo sepas que no es bondad: es miedo.

Consulta cuando notes que tu vida la organizan las necesidades de otros, o cuando el resentimiento acumulado empiece a salir por sitios que no controlas.

No vamos a enseñarte frases para decir que no. Lo que trabajamos es qué te imaginas que pasa si lo dices: que te dejen, que se enfaden, que descubran que no eres tan agradable. Casi siempre esa fantasía viene de un lugar donde protestar tenía un coste real. La sesión es un buen sitio para probar: puedes discrepar con tu terapeuta y ver qué ocurre.

Si te cuesta pedir cita porque te da apuro molestar, ya tenemos por dónde empezar.

Dificultades en la toma de decisiones

Llevas semanas dándole vueltas a algo que otros resolverían en una tarde. Haces listas de pros y contras, preguntas a todo el mundo, y cada respuesta te deja igual. Da lo mismo si es cambiar de piso, dejar una relación o elegir qué pedir en un menú: decidir se siente como saltar sin red. Y cuando por fin decides, empieza la duda de si te equivocaste.

Vale la pena consultar cuando la parálisis te está costando oportunidades o cuando el sufrimiento entre opciones es mayor que cualquiera de ellas.

Decidir es renunciar, y a muchas personas nunca les enseñaron a perder algo sin sentirlo como una catástrofe. Trabajamos en qué significa para ti equivocarte, de quién esperas la aprobación antes de moverte y por qué la responsabilidad de elegir pesa tanto. No decidimos por ti. Ayudamos a que puedas hacerlo sin que cada elección sea un juicio sobre quién eres.

Decidir venir cuenta como primera decisión. No la analices demasiado.

Confusión sobre orientación sexual

Puede que sientas algo que no encaja con lo que dabas por hecho sobre ti. Una atracción que te sorprende, una relación que te hace preguntarte cosas, o una certeza antigua que nunca te has permitido nombrar. A veces la duda llega a los quince y a veces a los cincuenta, con pareja e hijos, y eso no la hace menos legítima.

Lo primero, dicho con claridad: no hay nada que corregir. Ninguna orientación es un problema que tratar, y la terapia aquí no sirve para cambiar a quién deseas. Sirve para pensarlo con calma y sin presión.

Consultar tiene sentido cuando la duda se convierte en angustia, cuando el miedo a lo que dirán te tiene paralizado, o cuando has empezado a vivirlo y no sabes cómo integrarlo en tu vida, tu familia o tu relación actual. Trabajamos en dar espacio a lo que sientes, entender de dónde viene el miedo y acompañarte en las decisiones que quieras tomar, al ritmo que tú marques.

Aquí puedes decirlo en voz alta por primera vez.

Identidad de género

Sentir que el género que te asignaron no describe quién eres. Puede ser una certeza que llevas años guardando o una pregunta reciente que no sabes cómo formular. Tal vez ya estés en un proceso de transición y necesites un sitio donde hablar de lo que remueve, o quizá lo que te trae es el miedo: a contarlo en casa, en el trabajo, a tu pareja.

Tu identidad no es lo que venimos a tratar. No es un trastorno ni una fase que haya que corregir, y no vamos a intentar convencerte de nada. El trabajo, si lo quieres, va de lo que hay alrededor: la ansiedad, el aislamiento, el rechazo de quien esperabas que te apoyara, las decisiones que tienes por delante.

Tiene sentido consultar cuando sientes que no puedes pensarlo con nadie, cuando el entorno pesa demasiado o cuando el proceso te está costando más de lo que puedes sostener a solas. Trabajamos escuchando cómo lo vives tú, sin adelantarnos y sin un guion sobre cómo debería ser tu camino.

Ven como quieras venir. Aquí se te llama como pidas.

Dónde y cuánto cuesta

  • Presencial en Atocha (C. de Vizcaya 11) y Delicias (Embajadores 137), de lunes a viernes de 9 a 21 h.
  • Online por videollamada, con la misma terapeuta durante todo el proceso.
  • 60 € la sesión individual. Puedes ver los detalles en la página de precios.

Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.

Cómo empezar

No tienes que definirte antes de venir. Puedes reservar online en un minuto o escribirnos por WhatsApp y te contamos cómo empezar. Si prefieres una llamada previa para resolver dudas, dínoslo en el mensaje.

¿Empezamos?

El primer paso suele ser el más difícil. Escríbenos por el medio que prefieras: te respondemos en horario de consulta o, como muy tarde, al día siguiente.

L–V · 9–21h · Atocha y Delicias · También online