Personalidad y patrones

Cuando lo que duele no es un momento sino una forma de estar: en las relaciones, en el trabajo, contigo. Psicólogas y psicólogos en Atocha, Delicias y online.

Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online

Hay problemas que no son un episodio sino una manera de estar en el mundo. Relaciones que empiezan con intensidad y acaban igual de rápido. La sensación de que, hagas lo que hagas, terminas en el mismo sitio. Un enfado que sube a cien en segundos, una vergüenza que lleva años cancelando planes. Quien consulta por esto suele decirlo con cansancio: "siempre me pasa lo mismo".

En esta página aparecen etiquetas como TLP o rasgos narcisistas. Una aclaración que vale para todas: una etiqueta describe una forma de arreglárselas que se aprendió en algún momento, casi siempre por buenas razones. No describe quién eres. En terapia no venimos a confirmar un diagnóstico sino a entender qué protege ese patrón, de dónde viene y qué te está costando ahora. Miramos lo que pasa en tu vida, la historia que traes, cómo aprendiste a vincularte y también lo que ocurre en la relación con tu terapeuta, porque ahí el patrón suele aparecer en directo.

En Creciendo atendemos estos motivos en nuestros centros de Atocha y Delicias y también online. Puedes ver quién te atendería.

Trastorno límite de personalidad (TLP)

Las emociones llegan de golpe y con una intensidad que desborda. Una discusión pequeña se vive como el final de la relación. Alguien tarda en contestar un mensaje y aparece el pánico a que te deje, y después la rabia por haber sentido ese pánico. Hay días de vacío, decisiones impulsivas de las que te arrepientes y, en algunos casos, hacerte daño para aguantar un dolor que no cabe en ningún sitio. Si hay riesgo inmediato para ti o para otra persona, llama al 024 (atención a la conducta suicida, 24 horas) o al 112.

Puede que te hayan puesto "TLP" en un informe o que lo hayas leído y te hayas reconocido. Lo que describe esa etiqueta es una forma de regular las emociones y los vínculos que se aprendió cuando no había otra a mano. Y, como todo lo aprendido, se puede revisar.

Trabajamos sin prisa y con un encuadre claro: misma terapeuta, mismo día, mismas reglas. Esa estabilidad es parte del tratamiento, porque lo que más cuesta con este patrón es sostener una relación cuando aparece el miedo al abandono o la decepción. Cuando eso pasa en sesión, se habla, y ahí es donde se aprende. Si hace falta, nos coordinamos con tu médico o psiquiatra.

Si te has reconocido en algo de esto, cuéntanoslo así, sin ordenar.

Rasgos narcisistas

Puede que llegues aquí porque alguien te lo ha dicho, quizá en medio de una ruptura, o porque lo has leído y te ha dejado una duda incómoda. Por dentro suele ser así: necesitas que te reconozcan para sentirte bien, y una crítica pequeña te hunde o te enfurece más de lo que querrías admitir. Te cuesta ponerte en el lugar del otro cuando estás dolido. Las relaciones se enfrían y no entiendes del todo por qué. Y debajo de la seguridad que muestras hay, a ratos, una sensación de no valer nada.

Merece la pena consultar cuando ese funcionamiento te está dejando solo, o cuando las personas que quieres te lo dicen y una parte de ti sabe que tienen razón.

No vas a encontrar aquí un juicio. Los rasgos narcisistas son, casi siempre, una armadura montada muy pronto para no sentir la vergüenza o la falta de miradas. Trabajamos en entender para qué sirvió esa armadura, qué cuesta hoy mantenerla y cómo empezar a quitártela dentro de una relación, la terapéutica, donde no hace falta ganar.

Basta con que vengas con la duda; el resto se piensa en sesión.

Evitación / Trastorno evitativo

Dices que no a casi todo antes de que te lo propongan. Un plan con gente nueva, hablar en una reunión, enviar el currículum, escribir a alguien que te gusta. No es que no quieras: es que la posibilidad de que te rechacen o de quedar en evidencia pesa tanto que evitar sale más barato. El problema es que la vida se va estrechando. El trabajo se queda por debajo de lo que sabes hacer, las amistades se reducen a dos o tres personas seguras y la pareja ni se plantea.

Vale la pena pedir ayuda cuando te das cuenta de que llevas años renunciando, o cuando la soledad empieza a doler más que el miedo. Si lo tuyo es sobre todo el miedo a exponerte delante de otros, mira también fobia social; si es el miedo a que alguien te conozca de cerca, miedo a la intimidad.

En terapia no te vamos a empujar hacia lo que evitas. Primero entendemos de qué te protege la evitación, qué aprendiste sobre cómo te miran los demás y cómo se activa eso ahora, también en la sesión. Salir se hace poco a poco y desde una relación en la que rechazarte no está en el guion.

La primera sesión es un sitio pequeño y seguro para empezar a decir que sí.

Inestabilidad emocional

Por la mañana estás bien, a mediodía todo te parece insoportable y por la noche no sabes qué ha pasado. Las emociones cambian deprisa y con fuerza, muchas veces sin un motivo que puedas señalar. Quien te rodea dice que "no se sabe por dónde vas a salir", y tú te agotas intentando controlarlo. Es frecuente que llegue con culpa: por lo que se dijo en caliente, por el mensaje enviado, por la puerta que se cerró.

Conviene consultar cuando esas oleadas te están costando relaciones, trabajos o la relación contigo, o cuando notas que las apagas con cosas que hacen daño: comer, beber, gastar, aislarte.

No tratamos la intensidad como un defecto que hay que apagar. Es información. Trabajamos en poner nombre a lo que pasa antes de que estalle, en entender qué historia hay detrás de cada oleada y en que la relación con tu terapeuta sea un lugar donde una emoción grande no rompa nada. Si lo que describes son más bien cambios de ánimo que duran días, quizá te sirva más la página de cambios de humor frecuentes.

Trae la última semana tal cual fue; nos sirve más que cualquier resumen.

Patrones relacionales destructivos

Cada relación es distinta y, sin embargo, acaba igual. Eliges a alguien que no está disponible. O te desvives por cuidar y terminas resentido. O empiezas con entusiasmo y, en cuanto la otra persona se acerca de verdad, encuentras un motivo para irte. Lo ves después, cuando ya ha pasado, y te preguntas cómo has vuelto a caer.

Estos patrones no son mala suerte ni falta de criterio. Suelen ser la forma en que aprendiste a estar cerca de alguien: lo que era normal en tu casa, lo que había que hacer para que te quisieran, lo que aprendiste a esperar. Consultar tiene sentido cuando ya has visto el patrón y no consigues hacerlo distinto, o cuando aún no lo ves pero el resultado se repite.

En terapia miramos las relaciones pasadas y presentes y, sobre todo, la que se va formando en la consulta, porque ahí el patrón aparece sin que haya que buscarlo: la prisa por agradar, la desconfianza, el impulso de dejarlo cuando algo aprieta. Verlo en directo, con alguien que no se va, es lo que permite cambiarlo.

Cuéntanos la última historia que se repitió y desde ahí seguimos.

Autosabotaje

Estás a punto de conseguir algo y lo tiras. Dejas el proyecto a la mitad, llegas tarde a la entrevista que querías, discutes con tu pareja justo cuando la cosa iba bien. Desde fuera parece falta de compromiso. Desde dentro es más raro: una parte de ti quiere y otra parte, en el último momento, frena. Y después llega la autocrítica, que es la parte más cruel de todo el ciclo.

Merece la pena consultar cuando te has visto hacerlo varias veces y ya no te sirve la explicación de la pereza o la mala suerte.

Entendemos el autosabotaje como un conflicto, no como una avería. Algo en conseguirlo da miedo: destacar, decepcionar, alejarte de alguien, dejar de ser quien siempre has sido. Trabajamos en poner palabras a ese miedo, en ver de qué historia viene y en notar cómo se cuela también en el proceso de terapia, porque suele hacerlo: faltar a una sesión justo cuando algo importante empezaba a moverse. Eso, lejos de ser un problema, es material para trabajar.

No hace falta que sepas por qué lo haces; para eso estamos.

Victimismo crónico

Tal vez alguien cercano te ha dicho que siempre te pones en el papel de víctima, y te ha dolido, y a la vez has pensado que algo de razón puede tener. Lo que se ve desde fuera son las quejas repetidas, la sensación de que todo te pasa a ti, la dificultad para asumir tu parte cuando algo sale mal. Lo que se vive desde dentro es otra cosa: la impresión real de que no te escuchan, de que nadie ve lo que te cuesta, de que si reconoces tu parte te quedas sin nada.

Vale la pena consultar cuando notas que la gente se aleja, o cuando estás cansado de sentirte impotente y no sabes cómo salir de ahí.

Hay un matiz importante: muchas veces hubo un daño real al principio. Lo que se volvió crónico es la posición, no la queja. Trabajamos en reconocer ese daño en serio, sin discutirlo, y desde ahí en recuperar algo que el patrón te quita: la capacidad de hacer, de elegir, de tener alguna parte en lo que te pasa. En sesión aparecerá la tentación de que la terapeuta sea otra persona más que no te entiende, y hablar de eso cuando ocurra es parte del trabajo.

Puedes venir sin haberlo resuelto contigo; empezar por esa duda ya es empezar.

Dónde y cuánto cuesta

  • Presencial en Atocha (C. de Vizcaya 11) y Delicias (Embajadores 137), de lunes a viernes de 9 a 21 h.
  • Online por videollamada, con la misma terapeuta durante todo el proceso.
  • 60 € la sesión individual. Puedes ver los detalles en la página de precios.

Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.

Cómo empezar

No hace falta traer un diagnóstico ni un informe. Puedes reservar online en un minuto o escribirnos por WhatsApp y te contamos cómo empezar. Si prefieres una llamada previa para resolver dudas, dínoslo en el mensaje.

¿Empezamos?

El primer paso suele ser el más difícil. Escríbenos por el medio que prefieras: te respondemos en horario de consulta o, como muy tarde, al día siguiente.

L–V · 9–21h · Atocha y Delicias · También online