Cuando algo manda más que tú: sustancias, juego, compras, pornografía, una relación, la ira o hacerte daño. Psicólogas y psicólogos en Atocha, Delicias y online, sin juicio.
Psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) · Centros sanitarios autorizados · 5,0 en Google con 59 reseñas · Madrid · Atocha y Delicias · También online
Te prometes que hoy no, y a las once de la noche ya estás otra vez. Un impulso que llega, una tregua corta y después la culpa. Puede ser una sustancia, el juego, las compras, la pornografía, una persona a la que vuelves aunque te haga daño, un grito que no controlas o hacerte daño a ti mismo. Lo que se repite en todos los casos es la sensación de que algo manda más que tú.
No venimos a juzgarte ni a pedirte que lo dejes desde mañana. Lo que hace un impulso, casi siempre, es tapar algo que duele más que él: una ansiedad que no se soporta, un vacío, una rabia sin sitio. Nuestro trabajo es relacional e integrador, y en este terreno significa entender para qué te sirve eso que haces, de dónde viene y qué otra manera de calmarte puedes construir, contigo y con los tuyos.
Si hay riesgo inmediato para ti o para otra persona, llama al 024 (atención a la conducta suicida, 24 horas) o al 112.
Puedes venir a Atocha o a Delicias, o hacerlo online.
Alcohol, cannabis, cocaína, pastillas para dormir. O el móvil, las series, el trabajo, la comida. La línea la marca la pérdida de libertad: cuando ya no eliges, cuando escondes cuánto, cuando lo demás se va apagando. Si hay dependencia física, el cuerpo necesita atención médica y la terapia va en paralelo; si no somos el recurso adecuado, te ayudamos a encontrarlo. Tenemos una página dedicada: Adicciones (con o sin sustancia).
Miras el móvil cada dos minutos por si escribe. Cuando no está, no puedes con la angustia; cuando está, tampoco estás tranquilo. Has vuelto después de decir que era la última vez. Tus amigos ya no saben qué decirte, y tú no sabes cómo explicar que lo sabes todo y aun así no puedes dejarlo.
Esto se parece más a una adicción que a un amor, y por eso lo tratamos aquí. Merece consultar cuando esa relación te está costando el sueño, el trabajo o el resto de tus vínculos, cuando alternas euforia y hundimiento según cómo te trate, o cuando la sola idea de cortar te produce un pánico que no puedes explicar.
En terapia miramos qué necesidad está enganchada ahí. Suele haber una historia antigua de afecto que llegaba a ratos o que se podía perder en cualquier momento, y esa persona la reactiva. No te vamos a decir que la dejes; vamos a ayudarte a que la necesidad deje de mandar. Si te reconoces en la dependencia emocional o en el miedo al abandono, también lo trabajamos desde ahí.
Escríbenos aunque hoy no estés seguro de querer soltarlo.
Paquetes que llegan y no abres. Ropa con etiqueta en el armario. Una tarjeta que escondes, una cuenta que no miras, una excusa preparada por si preguntan. Comprar te calma un rato y después llega el vacío, y la única manera de taparlo es volver a comprar.
Es hora de consultar cuando la deuda crece y lo escondes, cuando has intentado parar y no has podido, o cuando notas que compras justo después de discutir, de aburrirte o de sentirte poca cosa. No es cuestión de fuerza de voluntad ni de hacer un presupuesto; ya lo has intentado.
Trabajamos con lo que la compra sustituye. El momento de comprar suele tener una emoción delante, y el objeto es lo de menos: es la sensación de merecer, de poder, de que por un momento todo está bien. Buscamos de dónde viene ese hueco y qué otras formas hay de llenarlo que no te dejen peor. Con el dinero también hablamos, sin drama, porque forma parte del problema real.
Ven aunque te dé vergüenza; la vergüenza también forma parte de lo que trabajamos.
Apuestas deportivas desde el móvil, casino online de madrugada, la máquina del bar de camino a casa. Una racha que hay que recuperar. Dinero que falta y una historia para explicarlo. La sensación de que la próxima vez sí.
Conviene pedir ayuda cuando ya has mentido sobre cuánto, cuando has pedido dinero prestado para jugar o para tapar lo perdido, o cuando lo has intentado dejar y has vuelto. Y también si juegas poco pero notas que la cabeza va sola hacia ahí en cuanto hay tensión o aburrimiento.
En terapia el juego se trata como lo que es, un problema serio, no un vicio ni una debilidad de carácter. Miramos qué te da: la excitación, el escape, la fantasía de arreglarlo todo de golpe. Y miramos qué había antes de que empezara: presión, pérdidas, una forma de sentirte alguien que solo aparece ahí. Cuando la pareja o la familia está implicada, a veces conviene que venga; se decide contigo. Si hace falta un recurso más intensivo, te ayudamos a encontrarlo.
Escríbenos hoy, antes de la próxima apuesta; con eso ya has hecho algo distinto.
Horas que desaparecen delante de la pantalla. Borrar el historial. Prometerte que esta semana no y fallar el lunes. Notar que el sexo real ya no te interesa igual, o que necesitas contenidos cada vez más extremos para sentir algo. Y una vergüenza que hace que nadie lo sepa.
Merece consultar cuando el consumo se ha vuelto automático, cuando afecta a tu deseo o a tu pareja, cuando te aísla o interfiere en el trabajo y el sueño, o simplemente cuando llevas tiempo queriendo hablarlo con alguien y no has podido.
Aquí no hay sermón. La pornografía no es el problema en sí; el problema es cuando se convierte en la única forma de calmarte o de sentir intimidad sin arriesgar nada. En terapia miramos eso: qué evitas cuando te refugias ahí, qué te cuesta del contacto real, qué historia con el deseo y la vergüenza traes. Si hay una pareja que lo está sufriendo, puede tener sentido alguna sesión conjunta. También lo abordamos desde la sexualidad si lo que describes va más por ahí.
Puedes contárnoslo por escrito antes de la cita, si te resulta más fácil que en voz alta.
Cortes, quemaduras, golpes, arañazos que se esconden bajo la manga. No siempre es querer morir; muchas veces es la única forma que alguien ha encontrado de bajar una tensión que no cabe en el cuerpo. Consultar cuanto antes importa, y si es tu hijo o tu hija quien lo hace, también te atendemos a ti. Tenemos una página dedicada: Autolesiones.
Un grito que sale antes de que puedas pensarlo. Un portazo, un puñetazo en la mesa, una frase que sabes que va a doler y la dices igual. Después, el silencio en casa, la cara de tu pareja o de tus hijos, y una vergüenza que dura días. Te lo has prometido muchas veces y vuelve a pasar.
Merece consultar cuando la gente que quieres empieza a tener miedo de ti, cuando has roto cosas o te has hecho daño, cuando las explosiones son cada vez más frecuentes o cuando te asusta lo que podrías llegar a hacer. Si ya ha habido violencia hacia otra persona, lo hablamos sin rodeos desde la primera sesión.
La rabia no es el problema; el problema es que salga sin aviso y sin freno. En terapia miramos qué hay justo antes del estallido: una humillación, una sensación de no ser escuchado, un miedo que no se reconoce como tal. Miramos también cómo se gestionaba el enfado en la casa donde creciste, porque casi todos lo aprendimos ahí. Trabajamos para que puedas notar la rabia antes de que explote y hacer algo distinto con ella. Si lo tuyo es más bien una irritación constante, mira irritabilidad crónica.
Pide cita antes de la próxima vez; es la mejor forma de que haya una menos.
Conducir mucho más rápido de lo que deberías, y sentir algo por fin. Sexo sin protección con desconocidos. Mezclar cosas por la noche sin pensar en la mañana. Retos, peleas, dinero apostado, o simplemente una forma de vivir al límite que los demás miran con miedo y tú con indiferencia.
Conviene consultar cuando te descubres buscando el peligro para sentir algo, cuando ya ha habido un susto grave y no ha cambiado nada, o cuando en el fondo sabes que no te importa mucho lo que te pase. Esto último es importante que lo digas en voz alta; a veces es la forma que tiene el dolor de no llamarse por su nombre.
En terapia no empezamos por prohibirte nada. Empezamos por entender qué buscas ahí: intensidad, olvido, la sensación de existir, un castigo. Muchas personas descubren que detrás del riesgo hay una sensación de vacío o una tristeza que no se dejaba sentir de otra manera. Trabajamos para que esa parte encuentre palabras y no solo velocidad. Si quien lo hace es tu hijo adolescente, también te atendemos a ti.
Tráelo tal cual; no hace falta que le pongas nombre antes de venir.
Somos psicólogas y psicólogos colegiados (COP Madrid) y centro sanitario autorizado por la Comunidad de Madrid.
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